¿Te imaginas realizar un viaje de inmersión lingüística sin dar uso a las redes sociales?
Cuando comencé a viajar, más o menos a finales de los ochenta mi idea era conocer lugares y costumbres nuevas. Viajé primero por Europa y mas adelante, aunque me daba un bastante vértigo por la distancia que debía recorrer, decidí visitar Estados Unidos y Canadá. Cada momento que pasaba aventurándome en países diferentes y desconocidos para mí, me iba enamorando mas y mas del mundo y de sus gentes. Además me hacía sentir mas joven y la adrenalina corría por mi cuerpo sin pedir permiso, y eso, ¡engancha!
Hasta entonces no había tenido problema en poder comunicarme con la gente con la que me cruzaba. Mi lengua materna es el inglés y pude defenderme con mi idioma en todos los países que visité. Todo cambió al llegar México; por más que lo intenté no conseguí tener una conexión real con el país. Por esta razón decidí realizar un viaje de inmersión lingüística y aprender español. Eso me permitió seguir conociendo mundo mientras exprimía cada pequeño detalle y eso, sin conocer el idioma del país es realmente complicado.
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Aprender un idioma nos acerca a las personas
Durante toda mi época viajera, pude experimentar la auténtica felicidad y conectar con lo que estaba haciendo: viajar, conocer, descubrir, disfrutar, aprender, ¡vivir! Solo estaba pendiente de disfrutar el momento sin necesidad de compartir cada minuto de forma simultánea con mis seres queridos lo que estaba viviendo. Esto ha cambiado, veo a mis estudiantes realizando una miniestancia en el extranjero y están totalmente conectados a las redes sociales en cada momento. Tengo la sensación de que, si no lo comparten en Instagram o Youtube entre otras, sienten que realmente no han vivido la experiencia. ¿Podríamos hablar del agobio digital?
A las familias de mis estudiantes, les recomiendo que dejen a sus hijos el espacio necesario para que disfruten el viaje de inmersión lingüística. Todo tiene sus pros y sus contras, ¿no es así la vida? Tenemos momentos maravillosos, pero también podemos encontrarnos con situaciones incómodas que debemos solventar. Es ahí cuando salimos de nuestra zona de confort y nos damos cuenta de que somos capaces de arreglar las cosas por nosotros mismos. A eso se le llama madurar y es algo necesario para ser adultos.
Al igual que insisto a las familias que no estén tan conectados al WhatsApp con sus niños para saber cada detalle del viaje, también les digo a mis estudiantes, que no estén tan conectados a las redes sociales.
Tener la oportunidad de realizar una miniestancia en el extranjero con tu colegio o instituto debería ser un viaje de inmersión lingüística inolvidable. Pero si estamos más pendientes, de publicar fotos, vídeos, etc., estaremos viajando para contarlo en Instagram y que otros disfruten de nuestra experiencia.
¿No es mejor centrarse en lo que nos ofrecen desde el colegio los profesores y desde casa nuestros padres?
Según el Estudio ASUS “Tecnología y verano en España” un 83% de los españoles consideran que el teléfono móvil es más importante en la maleta que el cepillo de dientes. Es más, el 21% de los participantes en dicha encuesta, reconoce que consultan más las redes sociales cuando están de vacaciones.
Con mi reflexión, no quiero decir que no se usen las redes sociales y las mandemos al pepino, ¡No! Ni mucho menos. Solo quiero haceros reflexionar sobre el uso que damos a internet. ¿Realmente es sano estar tan enganchado que nos parece mas importante compartir lo que vivimos, que vivirlo realmente? En el término medio está la virtud y es nuestra responsabilidad el saber como utilizar dichas herramientas. Si no, corremos el riesgo de desvincularnos de la realidad. Así nos perderíamos muchas experiencias, vivencias, personas, incluso a la familia por estar absortos en un mundo ficticio. Un mundo con el cual no podremos alcanzar la felicidad, porque nunca será suficiente.
A si que, a todos los estudiantes que vayáis a viajar próximamente realizando un viaje de inmersión lingüística con vuestro instituto, por favor, hacedme caso. Disfrutad del momento y aunque compartáis vuestras experiencias en las redes, no dejéis que os absorban y os manejen a su antojo. La vida es demasiado bonita como para vivirla a través de una pantalla.
See you!





